Informe: «Lo que tenemos que aprender de la dana de Valencia»

Fragmento de la portada del "Informe de l'Institut 13", titulado "Alló que hem d’aprendre de la dana de València", publicado por el Institut d'estudis Catalans y la Universitat de València.
El informe «Allò que hem d’aprendre de la dana de València», publicado por el Institut d’Estudis Catalans y la Universitat de València, reúne las aportaciones de 25 especialistas. Son 17 artículos que analizan desde distintas disciplinas las causas, los efectos y las consecuencias de la dana del 29 de octubre de 2024. Entre ellos, «La dana de 2024: de la trama manifesta a la trama amagada» de Josep Vicent Boira, ponente del Congreso sobre Derechos Humanos, Desastres y Resiliencia.

El volumen reconstruye lo ocurrido, pero, sobre todo, plantea qué aprendizajes deben incorporarse a la gestión de emergencias, la planificación territorial y las políticas públicas. Su objetivo es evitar que un fenómeno extremo vuelva a producir consecuencias humanas y materiales de semejante magnitud.

El informe parte de una idea central: el conocimiento científico disponible, la experiencia acumulada de inundaciones anteriores y los avisos de los servicios meteorológicos e hidrológicos permitían conocer la gravedad del riesgo. Por tanto, una de las principales lecciones es la necesidad de fortalecer los sistemas de prevención, alerta y protección civil y garantizar que el conocimiento científico se traduzca de manera efectiva y rápida en decisiones públicas.

Repensar el territorio y aprender a convivir con el riesgo

La publicación amplía la mirada hacia las causas estructurales que explican la magnitud de los daños. La ocupación de zonas inundables, la intensa urbanización e impermeabilización del territorio, determinadas infraestructuras y décadas de planificación territorial insuficientemente adaptada al riesgo han aumentado la vulnerabilidad de muchas poblaciones.

El informe advierte además de que, aunque las DANA forman parte de la climatología mediterránea, el cambio climático puede favorecer episodios extremos más intensos. La respuesta pasa, por tanto, no solo por mejorar la emergencia, sino por revisar la ordenación territorial, evitar nuevas construcciones en áreas de riesgo, replantear determinadas infraestructuras y desarrollar una auténtica cultura social de prevención, empezando por la educación sobre el territorio y sus riesgos.

Josep Vicent Boira: descubrir la «trama oculta» que hay detrás del desastre

Precisamente, la aportación de Josep Vicent Boira, catedrático de Geografía Humana de la Universitat de València y participante en el Congreso sobre Derechos Humanos, Desastres y Resiliencia, introduce una reflexión especialmente estructural. En su capítulo, «La dana de 2024: de la trama manifesta a la trama amagada», propone ir más allá de la cronología de las lluvias y de los errores en la gestión de la emergencia para preguntarse qué modelo territorial, urbanístico y de movilidad hemos construido para que un episodio meteorológico haya podido tener unas consecuencias tan devastadoras.

Su concepto de «trama oculta» alude precisamente a las decisiones económicas, políticas y territoriales acumuladas durante décadas que quedan escondidas tras la forma actual del territorio. Boira reclama una mayor conciencia espacial y cuestiona que la reconstrucción continúe abordándose fundamentalmente desde la escala municipal, defendiendo una visión metropolitana capaz de coordinar vivienda, infraestructuras, movilidad y usos del suelo. Su aportación se enfoca en qué debemos cambiar en nuestra manera de organizar y habitar el territorio para que una nueva DANA no vuelva a producir una catástrofe humana.

Ciencia, información y políticas públicas para aumentar la resiliencia

El carácter transversal del estudio permite abordar también los impactos económicos, ambientales, sociales y psicosociales de la catástrofe, incluidos los sufridos por l’Albufera, así como la comunicación institucional, la desinformación y el papel de la educación. El volumen estudia igualmente las posibilidades que ofrecen los modelos computacionales y la inteligencia artificial para anticipar y gestionar fenómenos extremos y plantea la necesidad de una investigación integral e interdisciplinar que conecte de forma sistemática el conocimiento científico con las políticas públicas. En conjunto, el mensaje es que aumentar la resiliencia exige combinar ciencia y tecnología con planificación, educación, buena gobernanza, información fiable y una ciudadanía consciente de los riesgos.

Pinchando en este enlace, puedes descargar el documento en formato pdf

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