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Derechos Humanos y Lucha contra la discriminación
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Feb

Luchar contra la discriminación

Artículo publicado en Las Provincias el 1 de febrero de 2021 .

Por Vicente Bellver Capella.

La muerte de George Floyd a manos del oficial de policía Derek Chauvin en mayo de 2020 proyectó el movimiento #BlackLivesMatter a escala global. Tres años antes, bajo el hashtag #MeToo, la lucha contra la discriminación de las mujeres se convirtió en una marea imparable que ya llega a todos los rincones del planeta. Estos movimientos sociales recogen demandas seculares que todavía están lejos de alcanzarse. Tratan de acabar con la violencia y la discriminación que, de forma sistemática a lo largo de la historia, han sufrido dos colectivos: las mujeres y las minorías raciales. Sin duda, el instrumento que tiene como misión principal acabar con toda suerte de violencia y discriminación es el Derecho, como ya puso de manifiesto el profesor Jesús Ballesteros hace casi cincuenta años. Y los derechos humanos son el dispositivo diseñado por el Derecho en la Modernidad para alcanzar ese fin. En el artículo 1 de la Declaración francesa de Derechos del Hombre y del Ciudadano se contiene este mensaje de forma embrionaria: «Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos». La Declaración Universal de Derechos Humanos desarrolla esta exigencia al afirmar que «Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición».

En los últimos sesenta años se han producido avances regulatorios enormes a nivel universal para alcanzar esa ambiciosa e impostergable meta: la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Convención de Derechos del Niño o la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad. Sin embargo, los progresos en el campo del Derecho internacional no siempre han ido acompañados de avances sociales. Y es que, para liquidar toda forma de discriminación, no bastan las leyes. Requieren también de un cambio cultural, aunque seguramente nunca acabará de darse en plenitud porque el afán de exclusión y violencia está tan arraigado en la naturaleza humana que siempre logra reformularse bajo nuevos discursos, tan falaces como efectivos. Basta ver cómo los populismos presentes en la política actual triunfan a base de despreciar la esencia misma de los derechos humanos. Eso no quiere decir que no se puedan lograr avances muy significativos y que, una vez conseguidos, tengan difícil marcha atrás. Lo que quiere decir es que siempre tendremos que estar afanados en esa lucha.

Precisamente para dar a conocer los retos y avances jurídicos más recientes contra la discriminación, y para contribuir a extender una cultura social de la no exclusión, la Fundación Mainel celebrará los próximos días 4 y 5 de febrero su IV Congreso Internacional sobre Derechos Humanos. En las anteriores ediciones se ocupó del drama de los refugiados, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y de la justicia climática. En este nuevo encuentro se tratarán de algunas de las formas más insidiosas de discriminación. Y para ello contará con ponentes de la más alta cualificación internacional, como Yolanda Gómez, Directora del Centro de Estudios Constitucionales y Políticos; María Elósegui, Magistrada del Tribunal Europeo de Derechos Humanos; Ana Peláez, Vicepresidenta de CERMI Mujeres y del Foro Europeo de la Discapacidad; o Federico de Montalvo, Presidente del Comité de Bioética de España, entre otros.

Una de las mesas del congreso trata de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre discriminación. Conocer sus sentencias es fundamental porque establecen un criterio uniforme para interpretar los derechos humanos en todos los países miembros del Consejo de Europa. Otras mesas se dedicarán a la discriminación racial, por razón de género, orientación o identidad sexual, y discapacidad. Especial atención se prestará a la discriminación múltiple: una niña negra y con discapacidad todavía hoy es tenida por un desperdicio humano en muchos lugares del mundo.

En los tiempos de pandemia que estamos viviendo, parecía imprescindible ocuparse de las muchas formas de discriminación que han emergido con motivo de esta crisis sanitaria, económica y social inédita en los tiempos recientes. ¿Se pueden asignar o no recursos sanitarios vitales y escasos en función de la edad? ¿Se debe prestar una atención especial a los colectivos más afectados por la COVID-19, que son los más vulnerables, o debe ser la misma para todos? ¿Se debe regular el acceso a determinados espacios en función de que se disponga o no un pasaporte inmunitario o se deben adaptar medidas para todos, que no exijan revelar datos personales de salud?

Nunca acabaremos definitivamente con la discriminación y la violencia. Pero si el Derecho tiene algún sentido, es luchar contra ellas. Y su mejor instrumento son los derechos humanos.

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